Quiero pensar que los seres
humanos venimos a éste mundo a “hacer” y “ser” algo. Dentro de los cientos de
roles que nos toca jugar a las personas dentro de éste periodo espacio temporal
llamado vida, para mí el más importante es ser madre de dos maravillosos seres
que llegaron a mí, al parecer completamente inocuos, es decir, sin contar con
conocimientos previos, ni intelectuales ni emocionales.
Qué maravilla! Por ahí se
dice repetidamente, quizá más de lo necesario, que nadie nos enseña a ser
padres. Esto probablemente es cierto en la manera literal, pero definitivamente
creo cuando nos toca el turno de serlo, ya hemos recorrido bastante camino en
la vida y tenemos un gran cúmulo de información cargado en nuestro chip, que
nos debe ayudar a saber qué clase de personas queremos que sean nuestro hijos.
Para mí ser madre, además de
una responsabilidad gustosa, es la oportunidad de moldear de primera mano,
material humano virgen; tenemos la oportunidad de influir, probablemente de
manera determinante, respecto al tipo de personas serán nuestros pequeños.
Está en nuestras manos que
ellos aprendan TODO, desde las actividades básicas de su cuerpo hasta la
concepción del amor, pasando por toda la gama de conocimientos éticos y físicos
que queramos inculcarles. Yo sé que con el paso del tiempo nos daremos cuenta
que ellos tienen mayor facultad para aprender o hacer algunas cosas, por lo que
debemos acercarles toda la información que tengamos para que la pueda tomar y
usarla en su beneficio.
Me parece que no basta traer
pequeños al mundo, para “pastorearlos” y satisfacer sus necesidades físicas.
Algunas personas se sienten muy agobiadas con sólo realizar actividades
como enseñarles a caminar, ir al baño,
comer solos, llevarlos, traerlos y por supuesto jamás se preocuparan por mirar
alrededor suyo y hacerles notar las flores, las aves, el cielo, las estrellas,
el sol y todas las maravillas que los rodean y lo mágico de la existencia en sí
misma.
No les enseñaran a
sorprenderse porque todos los días sale el sol, o por la fábrica de lluvia que
está en el cielo, la magia de los sueños o por todas las especies que habitan
junto con nosotros el planeta. Sin embargo, se tomarán mucho tiempo en hacerles
saber todo lo que NO quieren que hagan, sin explicarles en la mayoría de los
casos alguna razón que sustente la restricción.
En ocasiones -se argumenta
que por necesidad, yo verdaderamente no lo creo porque siempre debemos
ocuparnos de lo importante aunque lo urgente robe nuestra atención-, permitirán
que personas distintas a ellos se ocupen de la crianza, formación y educación
de sus hijos.
Es verdaderamente fácil para
algunas personas ceder ese derecho a la abuela, la tía, la vecina, la nana o la
escuela. En mi perspectiva, lo niños acuden a los centros educativos a obtener
información y a aprender a socializar, pero la educación y formación es
responsabilidad de los papás quienes saben o deberían saber la perspectiva que
quieren que sus hijos tengan de la vida. Son dueños además de la confianza de
los pequeños, quienes sin pensarlo si quiera, tomarán como verdad universal e
indudable lo que sus padres les digan.
Creo que ésta autoridad
sobre los hijos que la vida nos regala debemos aprovecharla al máximo para
hacer de ellos buenas personas. Cultivar la tolerancia, la bondad, la capacidad
de sorprenderse, el respeto por el otro y por sí mismos, la autoestima y tantas
cosas que les servirán para tener una vida exitosa.
En mi caso particular, hice
de mis hijos mi experimento vital, no he visto nada más maravilloso en el mundo
que esos ojos muy abiertos ansiosos de aprenderlo y entenderlo todo, la
satisfacción plena por hacer que un papalote despegara después de arrastrarlo
por más de tres horas por la tierra o por haber atrapado un renacuajo y
comprobar con el paso de los días que sí se convirtió en rana.
Escrito por: Lu Co
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