lunes, 24 de julio de 2017

Juegos fraudulentos

El viernes en la noche salí con una amiga, entre trago y trago platicábamos sobre experiencias pasadas con galanes, y no podían faltar las anécdotas sobre las aventuras sexuales, si bien creo que he tenido excelentes compañeros dedicados a dejar una gran sonrisa en mi, también están aquellos que prefiero no volver a ver porque como bien dice mi madre no se trata de “cogerse cariño” al aventón y menos dejar que traten a una como cerrojo.

Siempre he estado a favor de realizar dicha actividad de sano esparcimiento sin tener la necesidad de formalizar una relación. En ocasiones mi compañero de juegos permanece en mi vida durante un buen tiempo hasta que los intereses de uno o ambos cambian por completo, nos despedimos gustosos y cada quien continua su camino. Pero también están aquellos con los que mis expectativas no fueron cubiertas y no tengo más remedio que huir esperando que el sujeto encuentre un nuevo objetivo, aunque tengo que reconocer la persistencia en este tipo de personas.

Hace no mucho tiempo me reencontré con un compañero de escuela con quien después de varios tragos acabé compartiendo algo más que el taxi de vuelta a casa, como ya se imaginarán es una de mis malas experiencias, pese a ello mi buen corazón me convenció de darle una segunda oportunidad argumentando que quizá fue culpa del alcohol.

Así pues salimos por segunda ocasión y tristemente mi corazón se vio obligado a pedirme disculpas después de ser participes del conocido juego “entra y sale” por dos minutos, evidentemente cuando el gentil caballero me volvió a buscar, se topó con una pila de excusas que me impedían volver a verlo.

Probablemente debería ser más sincera con estas personas y decirles la verdadera razón por la que ya no quiero volver a jugar con ellos, una pensaría que intentarían mejorar sus jugadas, pero debo decirles que la única ocasión que fui honesta mi compañero se ofendió como si le hubiera dicho algo de su madrecita santa, sentí pena por aquella que  fuera a ser su siguiente conquista y perdimos todo tipo de contacto.

Estoy consiente de las altas probabilidades de encontrarme con este tipo de jugadores nuevamente, especialmente porque muchos de ellos están disfrazados de buenos besadores, así que creo que sólo me queda esperar caer en manos de un buen jugador.

Y ustedes caballeros, por favor no olviden que si van a jugar con alguien procuren que la otra persona también se divierta.  


Escrito por: Sue FC

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viernes, 21 de julio de 2017

ADICTOS… A PENSAR MAL

Los seres humanos somos animales de costumbres. Pensamos, razonamos (o creemos qué lo hacemos) y repetimos los mismos patrones una y otra y otra vez.

A veces acertamos con aquella fórmula que nos lleva al éxito; sin embargo, la mayoría de las ocasiones realizamos cosas no muy buenas que, aunque ya vimos su resultado, las tenemos arraigadas sin podérnoslas quitar.

Muchos tenemos adicciones y algunas de ellas ni siquiera las detectamos como tal…

Están las adicciones “mal vistas”, como al cigarro, alcohol, drogas, juego, etc; O bien aquellas no tan rechazadas socialmente como la comida, ejercicio, compras compulsivas, entre otras.

Dicen que todo en esta vida con medida es bueno, pero cuando se convierte en un exceso pasa a ser algo bastante malo y perjudicial para nuestra vida diaria y la de aquellos que nos rodean.

Reflexionando sobre las muchas cosas que debo mejorar en el día a día me tropecé con este pequeño pensamiento: ¿Y si algunos de nosotros tenemos adicciones internas que nos llevan a tener adicciones y obsesiones externas?

Me di cuenta que no tengo ninguna adicción palpable, pero sí una obsesión muy fuerte con el dinero, la imagen, el reconocimiento y el hambre desmedida de éxito.

¿De dónde saqué todo eso?

Pues resulta que rascando dentro de lo más profundo de mi ser me percaté que soy un adicto…

Soy un adicto a pensar mal de mí mismo y de los qué me rodean.

Me he convertido en aquella persona que piensa qué no logrará nada de lo que se proponga. Qué todo saldrá mal… Y qué todos se alegrarán de las desgracias que me sucedan, y así podré pagarles con la misma moneda.

Grave error.

Me he sumido en un discurso pesimista y fatalista que me ha impedido intentar cosas  nuevas y explotar al máximo mis capacidades. Es más, mis defectos se han hecho más grandes de lo que en realidad son.

Ya había escrito antes que pensar en los otros es perder tiempo que puede ser productivo. Sin embargo, pensar cosas malas de uno mismo es algo aún más grave, ya que eso puede convertirse en una adicción interna que si no se controla a tiempo, podría desarrollar una adicción externa.

Así que hay varios puntos qué rescatar:
1. Soy el centro de mi vida, no del mundo, por lo tanto tengo la obligación de controlar mi cuerpo y mi mente, pero debo saber que no soy tan importante como para intentar influir en todos los que me rodean.
2. Si controlo mi vida seré capaz de no juzgar la de los otros. Al lograrlo, tampoco permitiré que ellos juzguen lo que haga, o mejor dicho, no le daré importancia a sus opiniones.
3. Los pensamientos no son acciones. Todavía no se ven materializados. Sin embargo, si pienso mal, inconscientemente haré lo necesario para que suceda lo que esté pensando
4. En cambio, si soy positivo no quiere decir que todo saldrá bien, pero la actitud  que tendré me será de mayor utilidad al momento de afrontar mis errores y aprenderé de ellos.
5. El cambio no se hace en un día, pero siempre es bueno empezar por el momento que estamos viviendo.


Escrito por: Jesus Daniel Hernández

lunes, 17 de julio de 2017

Callos en el corazón

Hace algún tiempo salí con un amigo, entre plática y sorbos de café salió el tema de nuestra vida amorosa y las expectativas que cada uno tenía de la misma para el futuro, después de que él me contó sobre sus frustraciones pasadas y gratos recuerdos, me sorprendí a mi misma al no tener más planes.

Como les he platicado en artículos anteriores, siempre me consideré a mi misma como alguien que tenía su vida perfectamente calendarizada, desde los estudios hasta la planeación familiar y el romance, pero después de tantos tropezones caí en cuenta que no sólo había acabado con las rodillas adoloridas, sino que también se había formado un callo en mi corazón.

Pensé en mis últimos pretendientes, así como en la disminución de los efectos de las flechas de cupido tales como la emoción de verlos, escribirles, extrañarlos cuando no están conmigo, las mariposas en el estómago, etc. Pero sobre todo en el tiempo que les permito formar parte de mi vida, el cuál cada vez es menor al del anterior.

Honestamente, no sé si se relaciona con el hecho de que he estado soltera por mucho tiempo y eso me convierte en una persona difícil de enamorar, si me he acostumbrado tanto a estar sola, ser independiente y auto-suficiente que mis aspirantes a príncipes azules requieren de algo extraordinario para convencerme de que los necesito en mi vida o simplemente mi corazón generó un antídoto contra los efectos del romance, de  ahí mi teoría sobre los callos en el corazón.

Así como les suele suceder a los escritores y músicos, que se les forman callos en  las manos después de años de práctica para perfeccionar su talento o simplemente realizar su actividad predilecta, a mi me ocurrió con mi órgano vital …

Quizá lo tuve escondido mucho tiempo y olvidó cómo querer, tal vez lo he forzado muchas veces a enamorarse de la gente equivocada o simplemente ambos nos cansamos de esperar, planear, confiar y creer que hemos encontrado al indicado, probablemente esta última sea la más acertada.

He practicado tanto el querer que mi pequeño corazón creó un callo que funciona como armadura, repele las promesas como el raid a las cucarachas y mantiene las emociones prisioneras como un dragón custodiando a una princesa. Se cansó de querer y entregarse, por lo que decidió hibernar como oso en invierno.

Si a ustedes les ocurre algo similar, sólo puedo decirles que no se preocupen, cuando menos lo esperen, el corazón volverá a latir por alguien que valga la pena ….



Escrito por: Sue FC

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miércoles, 12 de julio de 2017

DISERTACIONES: EL DUENDECILLO VALIENTE

Sabes que mi mano y mi corazón siempre estarán a tu alcance…

Cuando lo vi por primera vez me sorprendió su aspecto, su piel era violácea; tenía la cabeza alargada como un cohete con mechones negros, sin embargo lo que más me llamó la atención eran sus ojos, no eran confusos ni sorprendidos, más bien tenía una mirada inteligente.

Gracias a que era el primogénito de su madre, más no de su padre, en sus primeros años de vida fue el centro de atención de alguien y quiero pensar que recibió altas dosis de cariño, sin embargo, la manera particular de existir de su familia lo obligó a tener responsabilidades desde muy pequeño.

En virtud de que yo tenía mis propias actividades lúdicas intentando criar a mis experimentos vitales no le puse tanta atención y ocasionalmente lo veía en las reuniones familiares, esas en donde los adultos discutían por necedades y los niños andaban sueltos como potrillos en campo santo.

Con el paso de los años se fue forjando fama de travieso, grosero y mentiroso, se decía que era capaz de morder a un perro, viajar solo en transporte público desde los 5 años y llevar por el camino del mal a cualquier niño que se juntara con él. Era señalado como responsable o al menos autor intelectual de cualquier incidente que ocurriera, desde golpes, raspadas de algún chiquillo, hasta incendios y la deforestación en casa de los abuelos.

Nuestros caminos se estrecharon cuando se volvió la persona favorita de mi hijo (hasta la fecha lo es), quien era capaz de partir en dos su porción de salchichas y leche, para que las visitas de su mejor amigo se prolongaran más. Ciertamente me preocupaba la influencia que este duende pudiera tener en mi pequeño, pero mi confianza en la crianza que le había dado a mi chiquitín era mayor. No obstante, debo confesar que era verdaderamente habilidoso para crear una realidad alterna de la cual estaba tan convencido que por momentos me hacía dudar.

Con el paso del tiempo su mala reputación, lejos de corregirse aumentó,  sus hazañas eran conocidas más allá del ámbito familiar, primero logró ser identificado en su pueblo natal como borracho y peleonero, después exploró nuevos mundos, en donde además de muchas amistades, derivadas de su personalidad magnética, se buscó serios problemas que le impedían estar por mucho tiempo en el mismo lugar.

No obstante que me alejé de su círculo familiar, he tenido el enorme placer de seguir puntualmente su vida, puedo presumir que cuento con su confianza y cariño, sin embargo, guarda un poco de reserva hacía mi persona, porque a pesar de que tiene mi afecto incondicional,  cuando su conducta es inapropiada y puede traerle consecuencias negativas, no he reparado en darle jalones de orejas verbales.

En mi perspectiva basta mirarle a los ojos para saber que es un ser noble de buen corazón, sin embargo su crianza lo llevó a ser valiente y desafiar las leyes de lo socialmente aceptable. Para él la vida es un reto, basta con que alguien le diga que no haga algo para que desafíe la recomendación; piensa como muchos jóvenes de su edad, que a él no le va a pasar porque es muy inteligente.

Hace pocos días me enteré que nuevamente tuvo que ponerle pausa a su existir porque fue víctima de la justicia divina, espero que me leas para que te enteres que como siempre estamos pendientes de ti, nos entristecen las consecuencias de tus acciones no calculadas pero probablemente muy merecidas.

Me permitiré darte una recomendación, corriendo el riesgo de incomodarte: NADIE ESTA LIBRE DE LA LEY DE GRAVEDAD y para todos aquellos que tienen la fortuna de formar parte de su vida, es muy importante que sepan que no necesita más regaños ni castigos, le urge que lo llenen de confianza en sí mismo y sobre todo, algo que quizá nunca ha recibido de su parte: RESPETO.

Por el planeta circulan un montón de duendecillos valientes que están dispuestos a conquistar el mundo (yo tengo dos), estoy convencida que la diferencia entre que dediquen su esfuerzo a actividades improductivas en detrimento de sí mismos y de la sociedad, y que se vuelvan hombres y mujeres que nos llenen de orgullo, está en orientarlos con las palabras correctas en el momento adecuado, hacerles sentir nuestra confianza e incondicionalidad y enseñarlos a respetarse a sí mismos y al otro.

Y a ti mi duendecillo, échale para delante, y dicen por ahí que entre más oscura la noche mejor se ven las estrellas...



Escrito por: Lu Co


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lunes, 10 de julio de 2017

Con el corazón en la cabeza

El sábado pasado tomé la mala decisión de salir con unos amigos pese a la insistencia de mi mamá de que me quedara en casa porque no estaba en mis mejores condiciones …

Después de todos los inconvenientes que tuvimos que pasar para llegar a nuestro destino final, mi noche terminó como en muchas ocasiones lo hace, volví sola a casa en Uber a la 1:30 am porque uno de ellos no quería regresarse.

En el trayecto a mi casa me puse a pensar sobre las amistades que habitan en mi vida y si realmente puedo considerarlas como tal, pese a que en ese momento debo admitir que me sentí molesta y decepcionada, sabía que la única persona culpable de mi mala noche era yo, no mi amigo que quería quedarse con la esperanza de entablar una conversación con alguna mujer, tampoco de mi mejor amigo que prefirió tampoco volver a su casa argumentando que el otro se enojaría, si quería culpar a alguien sólo podía ser a mi misma por confiar en otras personas y querer salir a como diera lugar.

Si bien me criaron bajo el concepto de actuar con el corazón en la mano y estar siempre dispuesta a ayudar a alguien especialmente si por ese alguien siento algún cariño, no puedo esperar que los otros actúen de la misma manera, pese a que el león crea que todos son de su condición, la realidad es que pocas personas estarán ahí para ti, especialmente si lo que tú requieres se antepone a sus intereses.

Recordé todas esas veces en que algún ser querido me ha llamado diciendo que me necesita e inmediatamente parto en su ayuda sin importar que este ocupada, acompañada o con algo mejor que hacer, voy a su encuentro para ayudarlo, escucharlo, permitirle que se desahogue o lo que necesite, pero cuando yo me he encontrado en alguna situación incómoda en que requiero ayuda, con las únicas personas que he podido contar son con mi mamá o mi hermano.

No les mentiré, en algunas ocasiones he pensado en ser más selectiva con aquellas personas que dejo entrar en mi vida, pero como les dije anteriormente no puedo evitar actuar con el corazón en la mano, confiar en la gente por la que siento algún tipo de cariño y creo que ellas sienten algo por mi.

Probablemente debería ser más independiente y no dejar que mi destino caiga en manos ajenas, o quizá olvidarme de mi vida social y quedarme en casa o mejor aún escuchar a mi mamá cuando me dice que no debo de salir, después de todo las mamás tienen ese sexto sentido que pocas veces escuchamos y para nuestra mala suerte siempre tienen la razón.


Escrito por: Sue FC

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miércoles, 28 de junio de 2017

DISERTACIONES: ESTAFA VIRTUAL O VIRTUALMENTE ESTAFADA (Parte 2)

Y a la mañana siguiente…

Tengo la buena costumbre heredada por mi padre de llegar muy temprano a trabajar,  lo primero que hice fue revisar el estatus en que se encontraba el susodicho envío, y para mi sorpresa este no había cambiado, la página del sitio me indicaba que seguía en tránsito.

Por supuesto que en mi correo ya tenía mi mensaje diario de “amor verdadero”, en el cual el gentil caballero inglés reafirmaba su amor para mi persona y me daba toda una serie de recomendaciones de lo que tenía que hacer con el dinero que contenía el susodicho paquete.

Alrededor de las 7:30 horas me llegó un aviso de la mensajería diciendo que en la aduana mexicana se habían dado cuenta que la caja contenía dinero y que éste había sido retenido, cosa que me pareció evidente porque algún día me dediqué a eso de los envíos y una de las reglas es no incluir ni comida, ni dinero, ni líquidos.

De igual forma en el correo me indicaban que me comunicara al número de un agente para que me orientara sobre lo que se debía hacer para “desatorar” la caja de regalos. En ese momento sentí un poco de alivio, toda vez que ya no tendría que cuidar el dinero de nadie, definitivamente es una labor que no es para mí.

Antes de marcar a la oficina de la mensajería, le llamé al propietario del paquete para hacerle saber que su caja estaba atorada en la aduana, pero el hombre no me contestó. Por lo que le marqué al susodicho agente y me contestó una voz masculina con acento extranjero y me indicó que debía pagar algo así como 2,800 dólares. A lo que yo me negué y le pedí me indicará en qué lugar estaba porque justo yo trabajaba en migración y en ese momento le iba a pedir a varios compañeros que se presentarán a averiguar el procedimiento adecuado.

El hombre enfureció y me dijo que era un profesional y que no era necesario, que él podía arreglar el asunto que lo único que debía hacer era depositar la cantidad solicitada. Me dijo que me llegaría un correo con el número de cuenta y la suma exacta que debía pagar.

Para esa hora de la mañana, mi oficina ya había cobrado vida y solicité a algunos de mis compañeros que laboran en ese puerto aéreo que se presentaran en la aduana y checar el contratiempo. De igual forma el caballero inglés ya se había comunicado conmigo solicitándome que pagara por su envío y que me devolvería el monto en cuanto estuviera en tierra (debo recordarles que se suponía estaba a la mitad del océano canadiense). Le aseguré que no debía preocuparse porque las autoridades de mi país ya habían sido alertadas y todo se resolvería.

El hombre perdió lo caballero y me envío un montón de mensajes presionándome para que pagara, incluso me escribió que debía seguir las instrucciones de “mi futuro marido” y dejar de cuestionar. Para ese momento yo estaba muy clara que era un vil y barato engaño, lo único que el hombrecito y su cómplice querían era que les depositara a una cuenta de Santander 40 mil pesos.

 Llamé al banco para denunciar que sujetos estafaban a las personas y pedían que el dinero se depositara en una cuenta de su banco, lamentablemente me dijeron que ellos no podían hacer nada. Entonces me dirigí a la policía cibernética, que tomaron conocimiento del hecho y se comprometieron a hacer algo al respecto.

Dos días después del penoso incidente un amigo me envío una publicación del diario “Cambio” de Puebla en el cual una mujer narraba una experiencia similar a la mía y mencionaban que al parecer se trataba de un grupo de delincuentes dedicados a la estafa que contacta a sus víctimas en las plataformas sociales.

Reafirmé mi lección, porque ya en otras ocasiones me han intentado timar, JAMÁS DEBEN DEPOSITAR NI UN PESO A NINGÚN DESCONOCIDO, ni aunque les ofrezcan el boleto ganador de la lotería o una promesa de “amor verdadero”.






Escrito por Lu Co

miércoles, 21 de junio de 2017

DISERTACIONES: ESTAFA VIRTUAL O VIRTUALMENTE ESTAFADA

Seguramente si mi madre viviera ya me hubiera regañado o encerrado en el baño por andar socializando en plataformas virtuales con sujetos con sólo dios que mañas, sin entender que trabajar de sol a foco y pasar más de tres horas diarias en el tráfico no me deja otra opción.

Francamente nunca pensé que la selección de amigos por catálogo fuera tan cómoda, sin embargo aún recuerdo que cuando una amiga me contó hace 10 años que andaba en esas, casi la mato por poner en peligro su integridad física saliendo con un hombre que había conocido en una red social, sin tomar en cuenta que podría ser el asesino del cereal.

Hasta hace pocos días mi experiencia en la virtualidad no había sido mala, además de uno que otro desencanto al conocer en vivo a un sujeto que en plataforma se identificaba con B.P. que según por su parecido con el guapo de guapos y al final resultó ser Brayan alias El Pitalla no había tenido ningún tropiezo significativo, sin embargo, en el último mes aprendí una buena lección que quiero contarles para que la compartan con sus sus amigas, hermanas y comadres para que a ellas no les pase.

Cuando revisaba mis mensajes en Badoo, sitio que conocí porque un amigo del viejo continente me agregó como su amiga o algo así, encontré el aviso de un hombre de más de 50 años, residente de Gran Bretaña y que tenía interés por conocer más sobre México. A pesar de que yo no manejo ese perfil de personas porque la mayoría son más cuadrados que un panista de Guanajuato, salió la promotora turística que llevó dentro y le pasé mi correo electrónico, toda vez que a veces no tengo tiempo de ingresar a los sitios de encuentro pero siempre checo mi cuenta de e mail lo que facilitaría la comunicación.

Inicialmente nos escribíamos cada semana y me contaba de su vida, que si era viudo, ingeniero petroquímico, le gustaba el futbol y decenas de cosas que no me importaban pero eso de las relaciones exteriores se me da; de igual manera yo le conté otra ensarta de cosas que seguramente no le incumbían pero atendían a sus preguntas.

No sé en qué momento los correos informativos pasaron a las cartas de “amor verdadero”; por supuesto que a mí eso del enamoramiento no se me da ni en vivo ni virtual, pero las buenas intenciones sí, sumado a que eso de la escritura es lo mío, saqué a la Gabriela Mistral que llevó dentro y le di vuelo a la hilacha. Debo reconocer que todas las mañanas lo primero que hacía era entrar a mi correo y leer sus palabras enmieladas que me dejaban una sonrisa, porque el sujeto no era ni vulgar ni sexoso.

Hace como una semana, el hombrecito me pidió mi número de celular argumentando que tenía la intención de venir a conocer mi patria para checar algunas posibles inversiones en el área turística y por ahí aprovecharía para conocerme y darme unos besos salivones (si me dejaba). Gentil como soy, se lo di y las cartas se convirtieron en muchos mensajes a lo largo del día, hasta que una madrugada recibí una llamada suya.

Entre que eran las cuatro de la mañana y no práctico el inglés más que cuando balbuceo alguna canción (esa de wishu wishu Pepsi que me sale taaan bien), logré comunicarme y me enteré que el hombre era un cristiano de extrema derecha y que tenía intenciones de venir a conocerme y luego nos casaríamos (¡háganme ustedes favor!). A pesar de que le repetí que era una soltera consumada y convencida, fingió no escuchar y quedó de avisarme la fecha de su llegada, que aparentemente sería el siguiente mes.

Al día siguiente, el extranjero británico me comunicó que iría a Canadá porque tenía un contrato para un proyecto de explotación petrolera a la mitad del mar y me pidió mi dirección para hacerme llegar unas “cosas lindas” que había adquirido para mí. Le mandé los datos de mi oficina; por la tarde me enteré que en ese momento salía de viaje y que en un paquete me enviaba, entre otras cosas, un fulgurante anillo de compromiso (¿pueden creerlo?), además que me haría llegar por ese medio dinero (dijo que no tenía mis datos para hacerme un deposito y ante la premura de su viaje decidió incluirlo) y los documentos que requeriría cuando viniera a México.

Desde ese momento, me llené de angustia, tengo muy claro que de alguna manera debía transparentar el dinero que recibiría de lo contrario podrían acusarme de ser la hermana malvada de Kate del Castillo que anda haciendo negocios con hombres dedicados a solo dios que. De igual forma me proporcionó el número de seguimiento del paquete y un link en donde checar el status para saber cuándo estuviera por llegar (dos días a partir de que fue remitido).

Por fin llegó el día en que el susodicho paquete sería entregado y para entonces tenía los nervios alterados, a cada momento el hombre me repetía y repetía que el dinero que me había enviado era para que resolviera cualquier pendiente que tuviera y adquiriera un departamento porque odiaba los hoteles, a lo que me negué argumentando mi falta de tiempo, además de que me visualizaba hecha una traficante de divisas con una caja de cartón llena de euros, por lo que le aseguré su paquete estaría seguro en el fondo de mi cajón de los calcetines, claro que únicamente debía tomar el mencionado aro de oro y sacarme una fotografía con él puesto para qué aquel caballero supiera que lo usaría….

 Mi editora está muy regañona porque escribí un artículo tan largo, así que la próxima semana les acabo de contar, no se pierdan el final de esta fábula dela vida real).




Escrito por Lu Co

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