miércoles, 31 de enero de 2018

DISERTACIONES: ¿PIRATA O DE CATEGORÍA DIFERENTE?

Probablemente recuerden unos comerciales que salieron hace más de 10 años en los que un menor descalificaba la conducta de sus progenitores llamándoles “piratas” toda vez que compraban productos que no eran “los originales” sino imitaciones y nos invitaba a los consumidores a adquirir los productos auténticos.

Debo confesar que desde la primera vez que los vi me resultaron molestos, quizá porque yo, al igual que más del 90% de los mexicanos, caía en esa categoría. En mi defensa puedo decir que mi intención no era que las “grandes marcas” dejaran de ganar más, simplemente no me hace sentido pagar 2,000 mil pesos por unos tenis Nike cuando podía adquirir unos tenis Nice por 200 pesos e igual cubrir la necesidad utilitaria que éstos tenían. 

Además que entendía que miles de familias mexicanas no contaban con los recursos económicos para llevar a todos sus hijos al cine o comprarles el CD (porque aunque ustedes no lo crean antes se debían adquirir en físico los discos y no había forma “legal” de bajarlos de la red), para muchas era tan simple como decidir entre ver en pantalla grande a su actor favorito con un súper sonido estéreo o comer durante una semana ¿decisión difícil no?

Sin embargo siempre me cuestionaba sobre la preferencia del artista ético ¿poder transmitir sus ideas a mil que pudieran pagar o a 10 mil que estaban ansiosos por saber? Históricamente en todas las culturas del planeta, los héroes siempre son personas más interesadas en el bienestar común que en el propio ¿cierto? Entonces ¿Porqué debían ser castigadas las personas por no contar con los recursos económicos para adquirir “las marcas”, no obstante que trabajaran de sol a foco?

Ciertamente sé que alrededor de la industria de la piratería, que se volvió uno de los negocios “ilícitos” más redituables del país, surgió toda una mafia cuya operación trajo las consecuencias violentas que todos conocemos por su control, sin embargo en mi perspectiva era válido el primer propósito de la comercialización de las imitaciones que era permitir que la mayoría accediera a algunos bienes y servicios cuyo salario no era suficiente para adquirirlo (en caso de que este lo fuera).
Hoy que platicaba con “mi nuevo mejor amigo” me comentaba que casi todos los productos del mercado eran piratas, los vinos por ejemplo y que para él sólo los ejemplares de muy alta calidad eran auténticos, esos cuyo costo por botella rebasa el salario estándar mensual de una persona trabajadora. Al respecto yo le rebatí que al final del día el resto de las mercancías no eran “piratas”, simplemente eran de una categoría diferente.

El ejemplo más claro es el de los productos para niños, seres que en su absoluta inocencia viven desinteresados en las marcas; cuando son víctimas la publicidad que les oferta, por decir, ven en la televisión una súper nave que echa rayos láser y se desplaza por el aire, después de una docena de berrinches que incluyen generalmente pataletas y lloriqueos en los centros comerciales, finalmente sus papás por cansancio distraen algo del presupuesto para que ¡por Dios dejen de llorar! 

¿Y qué pasa?  Entusiasmados sacan el artefacto volador (el auténtico y original en su súper empaque) que ellos creen es indispensable en su vida, y ¡ZAZ! resulta que el muy chambón no vuela a menos que ellos lo avienten o lo manipulen con la mano y los rayos que debían derretir a cualquier enemigo potencial o en su defecto a un hermano molesto, solo son una mezcla de luz con unos soniditos que francamente no suenan del espacio.

En este escenario hay al menos dos corazones destrozados, en primer lugar el del inocente niño que creyó en la publicidad y vio su expectativa burlada y el del papá o mamá que lamenta profundamente que le haya ganado el amor al sentido común, si es el papá definitivamente no puede explicarse porque no mejor se compró un “Six de Cervezas” y al niño una nave de esas que venden en el mercado y que tampoco vuelan pero costaba el 10% del mero, mero original. Lo único que necesitaba era convencer al menor que el artefacto volador que estaba en un puesto del mercado era tan especial que ni los de la televisión lo conocían y que además requería de su impulso mental para desplazarse por los aires.

O que me dicen de esas muñecas Bárbaras cuyo nombre no se debe a su salvajez, sino al parecido con la única y auténtica reina de las muñecas “Barbie”. Al final del día, sirven para lo mismo, y tienen la ventaja que son “humanizadoras”, a este juguete “de batalla” se les acaba por caer el cabello después de 10 cepilladas y entonces las niñas se dan cuenta de que el fenómeno de la calvicie es real, hasta para su muñeca, quizá si la  inocente es obligada a soportar 15 cambios de ropa por hora sus articulaciones acabarán por ceder y en cualquier momento perderán una extremidad, entonces la menor practicará primeros auxilios además del uso de todo tipo de adhesivos y admirará su capacidad casi artesanal para dejar a su amiga “como si tal cosa”. Ya que si la niña no es muy hábil y además medio descuidada tendrá una muñeca con capacidades diferentes y no se asombrara cuando encuentre en la calle a alguien con estas características.





¿Ven? Esta viña del señor da para que existan múltiple categorías de cualquier bien, en mi perspectiva el interés por las marcas tiene que ver con el estatus y la apariencia, no obstante que muchos argumentan sobre la calidad… pero ¿Qué tal si algunos paladares lo único que exigimos es una experiencia que plazca a nuestros sentidos…?  NADA MÁS

lunes, 29 de enero de 2018

Un día

Hoy es un día difícil lo sé, estas pasando por una mala racha, las famosas frases de “todo pasa por algo”  y “dale tiempo al tiempo” retumban en tu cabeza, no comprendes cómo es que el destino puede estar jugándote chueco, ni tienes la mínima idea de cómo vas a resolverlo y saldrás adelante, pero hay algo que tienes que saber …

Un día cosecharás los frutos de tu esfuerzo y persistencia, tendrás el asenso que mereces, por el que tanto haz trabajado y ocuparás el puesto que te corresponde, sacarás ese líder que llevas dentro, serás el presidente de una gran compañía o tu negocio será exitoso. Será tu turno de forjar a los líderes del mañana e impulsar a tu equipo hacia adelante.


Un día sentirás los golpecitos en la pancita de la nueva vida que estás creando, con el tiempo, escucharás su vocecita y te parecerá lo más lindo que hay en el mundo, tendrás un motivo más para luchar y salir adelante, por ese ser que depende de ti y de llama mamá.


Un día verás que esa enfermedad no pudo ganar la batalla que tanto te atormentó, que los médicos se habían equivocado, confirmarás que eres un triunfador que burló al ángel que te perseguía sin cuartel. Sabrás que no hay gripe que pueda mantenerte en cama, dolor que no puedas callar ni bicho que no puedas combatir.

Un día conocerás ese lugar con el que tanto soñaste, visitarás museos, probarás comida extraña, escucharás un nuevo idioma, mirarás el atardecer desde la playa, tomarás fotos de paisajes asombrosos y no podrás esperar para comenzar a planear el siguiente viaje.


Un día finalmente construirás esa casa que imaginaste, finalmente formarás un hogar, escogerás los muebles, la pintura, el piso, los focos … Será tu propio palacio privado, el cuál podrás decorar y organizar a tu gusto.


Un día aparecerá alguien en tu vida que te hará ver porque no funcionó con nadie más, despertarás a las 10:00 de la mañana de un domingo con el amor de tu vida, van a hacer un poco de café, unos cuantos hot cakes, te darás cuenta que esos corazones rotos no fueron más que un pequeño tropiezo.


Un día comprenderás que la vida es bonita y que todo estará bien.

Escrito por: Sue FC

miércoles, 24 de enero de 2018

DISERTACIONES: ¿POBRE O RICO?


Para mis dos incondicionales compañeros de vida…gracias a ustedes he disfrutado de lo que SOMOS

Hace algunos meses que tuve la oportunidad de conocer en una plataforma de socialización a un sujeto de aproximadamente 30, quien después de torear mis intolerancias lingüísticas ha podido sobrevivir al botón de “suprimir”. Uno de esos días en que intercambiábamos información valiosa respecto a qué habíamos comido resultó que él se había zambutido una pollo asado con pepinos y  yo, aprovechando que fue quincena, organicé una excursión con mis compañeros de trabajo a un restaurante de pizzas, pasta y mariscos y por supuesto nos dimos un atracón.

Lo que al parecer era un simple e inocente diálogo sirvió para que el gentil caballero sacara de su estómago un resentimiento contra su actual situación económica y sin más me dijo: Claro como yo soy pobre no puedo comer eso. Mi primer reacción fue de risa, pensando que estaba jugando, pero no, hablaba en serio y de manera amargosa.

Por supuesto que le aclaré que no tenía nada que ver, que yo no era rica pero tenía amigos y que hacíamos una “cooperancia” y casi todos los viernes nos dábamos el gusto de alimentar el alma con algo que se nos antojará mucho, sin embargo el hombre insistió en su amargura puntualizando que seguramente yo ganaba mucho dinero y podía comer de manera opulenta.

Para entonces mi paciencia se había agotado y como dice el refrán, “a palabras necias…lo mejor es cerrar la conversación” y apurarse a terminar con los pendientes para estar lista a la hora de la salida. En el camino a mi casa, estuve reflexionando acerca de la pobreza y aunque ciertamente en más de una ocasión, mi solvencia económica se ha visto apretada, particularmente cuando mis hijos eran pequeños y tenían más requerimientos de los que mi sueldo podía solventar.

No obstante nunca me sentí pobre, en realidad en toda mi vida nunca me he sentido así y espero que mis hijos tampoco. El motivo quizá se debe a que tengo muy clara mi lista de necesidades y las ajusto a lo que gano, no ando por la vida envidiando lo que tienen los demás para luego sentirme triste porque yo no disfruto de tales beneficios, simplemente aprovecho lo disponible.

Por ejemplo, cuando mis hijos eran muy pequeños, casi no quedaba dinero después de pagar todo lo que necesitaban, entonces los levantaba muy temprano y nos disponíamos a tener una aventura caminando por las vías del tren o corriendo como “chivas locas” en el parque buscando tesoros (piedras o pedazos de solo dios qué) enterrados por ahí en los montones de arena que dejaban algunos albañiles chambones, y cuando teníamos el corazón muy agitado o nos ganaba la sed, sacaba la botella de agua de colores y nos comprábamos un “chicharrón con pleonasmo” y un helado de una bola chiquita, todo por menos de 20 pesos que había apartado del gasto para darnos pequeños “lujitos”.

Esperábamos los días del cine al 2X1 y nos íbamos a la matiné que tenía función de permanencia voluntaria y podíamos ver 3 películas y como por supuesto no nos alcanzaba para palomitas, mi bolsa era como la Dora la exploradora cargada de chicharrines y agua, que mis hijos disfrutaban sin sentirse pobres o ricos.

Cuando era tiempo de las “primas vacacionales” viajábamos a las paradisiacas costas de Casitas en Veracruz y nos quedábamos en un hotel muy modesto pero con algo parecido a una alberca y al pie de la playa, comíamos casi todos los días atún con galletas y helado de la tienda. Nos divertíamos como “chinos” y mi hijos jamás se preguntaron si nuestros paseos eran de ricos o de pobres ni porque no nos alojábamos en un hotel de 5 estrellas ni comíamos en restaurantes.

Siempre me he sentido muy afortunada por la oportunidad de vivir, no veo la necesidad de envidiar lo que otros pueden comprar. Y el mayor gusto que puede darme el dinero es utilizarlo para asistir a quienes tienen una urgencia y sienten que el mundo se les cierra. No hay nada como la satisfacción de dar y para eso tampoco se necesita ser rico, solo saber compartir. 







P.D. Por ahí escuché una frase muy sabia: Cuando ayudes a alguien no debes recordarlo, pero cuando recibas ayuda, nunca debes olvidarlo.

lunes, 22 de enero de 2018

Soy director

Todas las mañanas al llegar a las oficinas donde trabajo, los oficiales que están en la entrada nos piden pasar las bolsas o mochilas por una máquina como las que están en los aeropuertos para revisar que no tengamos nada ilegal o peligroso en las mismas, solicitud que me parece de lo más razonable del mundo por el bien de todos los trabajadores. Sin embargo una de tantas mañanas fui testigo de algo que me dejó sin palabras.

Resulta que a una señora de unos treinta y tantos años, después de cruzar los torniquetes de la entrada, se le acercó uno de los policías y le pidió que pasara su bolsa por la dicha maquinita, la mujer en cuestión se negó a la revisión de su bolsa bajo el siguiente argumento “soy directora”, el oficial se disculpó y bajó la mirada apenado por molestarla.

Acto seguido, cuestioné ese privilegio jerárquico del que gozan los directores, ¿acaso el hecho de tener dicho puesto significa que son incapaces de portar algo no permitido por la empresa? ¿son mejores personas que el resto de nosotros? ¿poseen una moral intachable?

Lo único que me queda claro es que si en algún momento hubiera un tipo de atentado (toco madera),  dentro de las oficinas sabríamos que fue responsabilidad de algún director y honestamente no entiendo qué les costaría apegarse a las normas de seguridad que fueron implementadas por alguna razón, no requiere de ningún tipo de esfuerzo sobrehumano o habilidad en especial.

Personalmente creo que el ser director no tendría porque ser la excepción a las reglas sino todo lo contrario, por algo llegaron a ese puesto supongo, ¿será su capacidad de dirigir? ¿sus ideas creativas e innovadoras? o ¿simplemente son el resultado de una buena palanca?

¿Cuántas veces hemos sido testigos o escuchado cientos de actos ilícitos por parte de jefes y/o gobernantes? ¿Quién les dijo que son seres celestiales que pueden brincarse los procesos? ¿No deberían predicar con el ejemplo? Después de todo eso hace un buen líder ¿o no?.



Escrito por: Sue FC

lunes, 15 de enero de 2018

A mi me gustan

Hace poco mientras iba rumbo al trabajo, por primera vez escuché la canción de “Mayores”, pese a que ya había visto muchísimos memes en internet los cuáles me daban una idea sobre lo que trataba, admito sin culpa alguna que nunca me llamó la atención escucharla ni descargarla para entender los chistes de las redes sociales, sin embargo ese día puse especial atención en la letra.

Más allá del doble sentido pervertido que tiene dicha canción, mi creativa cabecita rescató las siguientes frases: “Me gusta un caballero que sea un buen amigo”, “De los que te abren la puerta y te mandan flores”; mismas que inspiraron este artículo …

No sé si cargo algún tipo de maldición gitana debido a que nunca mandé las cadenas que llegaban por e-mail, ya saben esas de “si no reenvías este mensaje a 15 contactos tendrás mala suerte en el amor por los próximos 10 años” o algo parecido. Pero los hombres que rondan en mi vida carecen de los detalles y buenos modales de antaño.

Me parece muy triste que el romanticismo haya pasado de moda y hoy en día sea más sencillo sentir cosquillas en la entrepierna que mariposas en el estómago, el proceso de conquista se ha convertido en una leyenda urbana que es casi imposible de creer.

¡Quién hubiera pensado que antes se mandaban flores en lugar de publicarlas en Facebook! Los maricachis se están quedando sin trabajo porque hoy en día los enamorados prefieren dedicar canciones de YouTube. ¿Para qué escribir cartas y poemas  cuándo puedes etiquetar a esa persona especial en algún meme?

Y al escuchar esa popular canción que vuelve locas a las jóvenes de hoy en día, no puedo evitar preguntarme si la culpa de todo eso la tenemos las mujeres cuando permitimos que nos faltaran al respeto los “compositores” de dichas canciones, al admirar a cantantes como Maluma que promueve la infidelidad y tachan de patético al romance. ¿Realmente preferimos una noche de sexo sin control con alguien a quien no le importamos un comino? ¿No es mejor invertir el tiempo en un caballero de verdad? ¿Alguien que se preocupe por cuidarlas, protegerlas y respetarlas?

Si me preguntaran qué me gusta, definitivamente no diría que mayores y menos que olvide tratarme como una dama cuando estemos en la cama, a mi me gustan los caballeros inteligentes, divertidos y carismáticos, de esos que están en peligro de extinción porque no se sienten valorados.

A mi me gustan ficticios como los que describen en los libros. 


Escrito por: Sue FC

lunes, 8 de enero de 2018

DISERTACIONES: CUADERNO EN BLANCO

Después de un final de año un poco intrincado plagado de acontecimientos  preocupantes en nuestro planeta, tenemos por delante todo un año lleno de días en blanco en el que escribiremos nuestra historia, situación que debería ser alentadora porque las fiestas de fin de año siempre nos llenan a todos de buenos propósitos sin embargo y no obstante la advertencia de Confucio  “quién no conoce la historia está condenado a repetirla”, me temo que los mexicanos nada más no aprendemos y no sólo repetiremos la historia, sino que nos esforzaremos por hacerlo peor.

A finales del 2017 los medios de comunicación nos dieron cuenta de un montón de hechos preocupantes… que si la ley del interior; que si la coalición de partidos; que si los precandidatos que son candidatos; que si Donald Trump continúa con sus necedades plagadas de decisiones alocadas; que si la reconstrucción; que sí el frio, que si el calor; que el tráfico; las inversiones térmicas, etc. etc. etc.

Y no obstante el montón de vicisitudes, lo que más me llena de angustia, es que ante ellas lo único que pude sacar en claro es que nuestra mayor preocupación no es reflexionar acerca de qué podemos aportar para hacer de nuestro mundo un lugar mejor, sino estar señalando a quien tiene la culpa y por supuesto nuestro villano favorito siempre es el multivituperiado GOBIERNO.

Muchas veces me pregunto si de verdad no nos damos cuenta que la materia prima de cualquier país somos los ciudadanos, cada uno de nosotros y nuestras acciones son los puntos del tejido social que escribe la historia. ¿De dónde vamos a sacar personas que integren una buena administración gubernamental si nada más no hay conciencia personal, si vivimos con un grupo de personas convencidas de que “el que no tranza no avanza”, que anteponen su comodidad al bien común; que patean, empujan y gritan con tal de “sacar ventaja”?

Sería tan prudente que esas buenas intenciones de fin de año se transformarán en actitudes, aptitudes y acciones que cambiaran nuestra historia; que todos nos ocupáramos de actuar para sumar y dejar de ver que están haciendo mal los vecinos; que aquel gran número de mexicanos que están empeñados en esforzarse lo menos posible para obtener ganancias económicas, dejarán los atajos, de dañar a sus congéneres y se sumarán a producir o por lo menos respetaran el valor fundamental que es la vida del otro.
No veo cambio posible sin concientización de la responsabilidad individual, sin embargo, la vida nos sigue dando oportunidades y tenemos por delante un 2018 lleno de páginas para forjar un mejor presente que nos brinde un poco de tranquilidad para el futuro. Ya es hora (si no es que ya se nos pasó un poco el tiempo) de cuidar a nuestro planeta y a su gente. 

Ser una buena persona siempre está de moda. De inicio emulemos a Benito Juárez, y con esto no me refiero a su peinado, respetando al prójimo y despabilemos al activista que todos tenemos dentro, y no para hacer marchas porque al pan bimbo sigue teniendo orilla, sino para contagiar conductas positivas que pueden den un giro al futuro poco claro que nos acecha. Feliz año y todos a sacar las crayolas… 



P.D. Por cierto si de casualidad encontraron en su árbol de navidad una bicicleta con canastilla que ustedes no pidieron, avísenme, es mía, ya ven que los reyes magos con tanto trabajo, luego se confunden.







lunes, 18 de diciembre de 2017

Sólo diez minutos

Todas las mañanas de lunes a viernes, estaciono mi coche en el deportivo de “Villa Olímpica” toda vez que en el corporativo en el que trabajo optaron por reducir los lugares de estacionamiento para los empleados de menor nivel o como yo les digo “los simples mortales”, así que es prácticamente imposible asegurar un lugar, por lo que tenemos que recurrir a otras alternativas.

Así que tengo que caminar unos diez minutos para llegar a la oficina, ustedes pensarán ¿qué tiene de malo un poco de ejercicio matutino?, la verdad es que no hay nada de malo en simplemente caminar, pero he de confesar que me da miedo por lo que al salir de mi auto le marco a la única persona que sé que haría algo al instante si tuviera algún incidente.

¿Miedo? Si miedo, miedo por ser mujer y para colmo aparentar una edad menor de la que en realidad tengo, todos los días tengo que soportar los piropos y miradas de los gentiles caballeros, miedo de caminar sola y que algo llegue a pasarme.

Sólo son diez minutos de hablar por teléfono para sentirme a salvo, pero a veces esos diez minutos pueden cambiarlo todo …

Ellos tuvieron diez minutos para darse cuenta de mi rutina en la mañana, salir del estacionamiento, sacar mi celular y marcar el número de mi mamá, platicar de alguna tontería mientras caminaba apresuradamente.

En menos de diez minutos supe algo no estaba bien, alguien me veía, no supe quien era porque siempre hay alguien observando y murmurando.

Antes de que se cumplieran esos diez minutos de cada mañana, el auto se orillo y ellos descendieron, antes de que pudiera marcar el número, me tomaron por la fuerza y arrastraron al coche.

Fueron diez minutos que lamenté profundamente porque sabía que no me encontrarían fácilmente, me jalonearon y ultrajaron por más de diez minutos hasta que llegamos al destino final en el que solo Dios sabe que me esperaba, ¿y qué pasaría después? Probablemente me sumaría a la lista, esa donde se encontraba Mara Castillo u otras cientos de chicas desaparecidas.

Diez minutos que cambiaron el rumbo de mi vida …

La historia anterior, no es real, afortunadamente nada me ha sucedido, pero lo cierto es que es algo que pienso que me ocurrirá cada mañana, porque vivo en un país donde las mujeres son las culpables de lo que les pasa, simplemente por ser mujeres.

Ni una menos.


Escrito por: Sue FC